INVESTING IS NOT A GAME OF PERFECT…

Mannel Perry
11 min readMar 16, 2020

…Y TAMPOCO DEBERÍA SERLO.

Han sido necesarios muchos mensajes de amigos y conocidos del antiguo grupo de Telegram para sacarme de mi placentera cuarentena sanitaria. Ni siquiera este bicho, que bien podría haber sido diseñado ad hoc para combatir la estupidez colectiva que nos sobrevolaba, había conseguido motivarme. Y es que, tal vez, mi experiencia como capitán de yate para sobrellevar tempestades que no esperaba pero que terminaban dándote de hostias y haciendo rezar aunque no supieras, me ha hecho más resiliente, o, como preferiría Nassim N. Taleb, más “antifrágil”. Porque lo resiliente soporta estoico. Lo antifrágil, mejora.

En una de las muchas conferencias de Barak Obama que tuve que visionar y analizar al dedillo en mis años de formación (pocos oradores mejores que él, más allá de su ideología política), aparecía un señor, que posteriormente sería alcalde de la ciudad de Chicago, llamado Emanuel Israel Rahm. Era diciembre de 2008 e intervenía en un coloquio con su jefe, Obama, ya que en esos momentos actuaba como Jefe de Gabinete de la Casa Blanca. Uno de los periodistas o académicos asistentes, desconozco la profesión, le hizo la siguiente pregunta: “¿Qué podemos hacer para volver a como estábamos antes de esta crisis?”. La respuesta que dió Rahm ha vuelto a mi cabeza justo ahora, años después: “Ni de lejos queremos volver a como estábamos antes. No vamos a desaprovechar una crisis de esta magnitud. Es una oportunidad única de hacer cosas para el futuro, que de otro modo nos sería imposible realizar”.

Y a fin de cuentas así es como lo veo yo. Estamos viviendo nuestro “crack del 29”. Estamos contemplando delante de nuestros monitores como empresas globales de la calidad de 3M, Johnson&Johnson, Coca Cola, Phillip Morris, Exxon Mobile, Boeing, Microsoft y todas las que han regalado a los accionistas las dos mejores últimas décadas del S&P500, caen a precios que hace a penas unos meses eran chistes en foros de Internet. Ahora bien, tampoco debemos desanimarnos por eso. No podemos permitirnos sentirnos, como explicaba Dividendo Rentable en su podcast, tristes o impotentes por no acertar el timing. Supongo que algunos aquí conoceréis la historia de John Raskob, pero para los que no la conocéis, creo que tiene mucho sentido ahora mismo.

El señor Raskob era el Jefe de Finanzas del entonces (1929) mayor conglomerado industrial de automoción del mundo: General Motors. En una entrevista para el mayor semanario de la época, el domingo 25 de agosto de 1929 afirmaba que América estaba a punto de iniciar una expansión indusstrial y comercial como no se había visto nunca. Mantenía al periodista que, si un americano era capaz de invertir 15$ al mes en buenos y sólidos valores, este inversor medio podía esperar retornos de hasta 80.000$ los próximos 20 años (CAGR 24%). Podéis imaginaros lo que sucedió el lunes 26 de agosto. Las oficinas de los bancos de inversión se llenaron de ávidos americanos con ganas de invertir y prosperar. De unirse, por derecho propio, al sueño americano por el que llevaban peleando tantos años. Querían tener una vida mejor y Raskob les había dado las pistas para poder hacerlo a tiempo.

El 3 de septiembre de ese mismo año, el índice Dow Jones rompía el techo de los 381 puntos. Los volúmenes de inversión se duplicaban casi diariamente según los registros de la época y el americano medio veía como, finalmente, el capitalismo liberal permitía que todo el mundo fuera rico. Ese había sido precisamente el titular de aquella entrevista: “Everybody Ought to Be Rich”.

Un mes y medio más tarde, el jueves 24 de octubre de 1929 se vivió una de las jornadas más oscuras en los mercados. Y a partir de ahí, 34 meses de auténtica locura y destrucción. El suelo lo encontraron con el Dow Jones a 41 puntos, un 89% de caída. Repito: destrucción.

Imagen de Google. Prensa del día del crash del 29.

Sin embargo la moraleja de todo esto, es que paradójicamente Raskob no estaba equivocado. Aquellos que no saltaron por la ventana, aquellos que no vendieron sus acciones para comprar la soga, treinta años después tenían acumulados más de 60.000 dólares en la cuenta con un crecimiento anual compuesto del 12,75%. Algo menos de lo que había profetizado Raskob, pero 8 veces más de lo que habían dado los bonos en esos treinta años y 9 veces más que las letras del tesoro. Como extra, añadir, que Jeremy Siegel, autor al que tengo que volver en estos tiempos que corren, realizó un estudio en el que demostraba que durante los últimos 210 años, una cartera correctamente diversificada en empresas de calidad, había doblado su valor cada década.

Stocks for the Long Run. Jeremy Siegel.

Lógicamente, el mercado no es lineal. Desde 1929 han habido muchos momentos en que los mercados parecían tener, según palabras del propio Greenspan siendo jefe de la Reserva Federal, una exuberancia irracional, al igual que ha habido otros (crisis tecnológica del 2000, Crisis financiera e hipotecaria de 2008, Crisis Crediticia 2012…). Sin embargo, los inversores tenemos ese sesgo que nos hace olvidar parcialmente. Somos un poco como la cebra que pasta tranquila a pocos metros de los leones. Sabemos que el león está ahí, pero tenemos que hacer nuestra vida o el miedo nos dejaría petrificados. Pero amigos míos, el león, como estamos viendo, tiene apetito de vez en cuando.

Titulares Crash 1987. The Washington Post ©

Me ha preocupado y motivado a escribir este pequeño ensayo los mensajes que he recibido preguntándome si era momento de cambiar de estrategia, de si no sería mejor vender ahora y esperar a que todo amainara, o simplemente cambiar las acciones por oro. Me inquieta pensar que, alguno de vosotros, si había hecho los deberes con meticulosidad y había ido formando cartera sólo con dinero del que podía prescindir, tenga ese miedo paralizante justo ahora y permita que le coma el león.

El otro día, leyendo un poemario de Frank O’hara, me encontraba con la siguiente idea:

“En tiempos de crisis, todos debemos decidir

una y otra vez a quién queremos”

Hagamos un ejercicio de poesía económica y determinemos que, en tiempos de crisis, todos debemos decidir, una y otra vez, qué es lo que queremos. Porque es ese “qué” lo que nos traza el objetivo. Hagámoslo, permitámonoslo. Tenemos la suerte de contar con inversores amigos, como Eloy “Snowball” , que nos llevan varios años de ventaja en esta estrategia que nos muestran, tic-tac, puntualmente, cómo no deberíamos siquiera pestañear. Quien más o quien menos ha podido leer esas argumentaciones aplastantes, en favor de este tipo de estrategia, del inversor @alb1981, que dejan cualquier intento de llevarle la contraria en una lucha de David contra Goliat. Hagámosle caso también.

El mercado hace tiempo que dejó de ser racional, aunque sí que continua autoajustándose. Desde que las distintas reservas federales implementaron planes para inyectar dinero en tiempos de crisis previniendo así caídas como las de 2008, es difícil predecir la magnitud, y sobre todo, su sostenibilidad en el tiempo, de las caídas del mercado. Estamos viviendo una caída extremadamente vertical, un salto en paracaídas donde apenas nos ha dado tiempo a sujetarnos a nuestro propio arnés, y eso, a muchos, puede hacerles tragar saliva y pasarlo regular. Pero el paracaídas se abre. Seguro.

Hoy, mi hermano de inversiones @Huanhotze nos decía que estamos ante un escenario nuevo que cambia, con altísima probabilidad, el terreno en el que se tendrán que mover las empresas a partir de ahora, y que hay que observar con cautela para ver si el paradigma cambia o, por contra, permanece inmóvil mientras todos saltamos (por los aires o no) a su alrededor.

Cuando ideas como esta me llegan, y todas las empresas resultan apetecibles, con rentabilidades por dividendo cuasi-pornográficas, recuerdo los cuatro pilares de Seilern:

El track record de la compañía

La fortaleza de su hoja de balances

La gestión de los flujos de caja que hace

La forma en que es gestionada

No podemos dejarnos llevar por cantos de sirena. Estamos viendo rentabilidades del 15%, del 18% incluso junto a nombres de empresas que hasta hace poco estaban en esa lista de empresas “aptas” para nuestra estrategia. Y seguramente lo eran, pero en el paradigma libre de pánico que teníamos hace unos meses. Ahora deberíamos centrarnos en seguir comprando (¿acaso alguien tenía dudas de que hay que seguir comprando?)empresas que hormigonen, que doten de una coraza, a la cartera que ya teníamos o estábamos formando.

El sector consumo básico y las utilities han sido las estrellas en tiempos similares a este. Higiene, alimentación, alcohol y tabaco, electricidad, agua y gas, han sido esas empresas aburridas, sin brillo casi siempre, y que no han estado nunca de moda. Widow stocks, las llaman en USA (acciones para viudas). Pues bien, precisamente, ese debería ser nuestro objetivo en estos tiempos. Empresas como Dominion Energy que va a tener que dar electricidad a los millones de hogares en todo el mundo que van a pasar la primavera y el verano, el otoño o el invierno, encerrados en sus casas. Empresas como Enbridge que inyectarán gas por tubos milkilométricos que permitirán que la mayoría de residentes de América del Norte reciban gas con el que calentar, cocinar o alimentar millones de instalaciones. Empresas como nuestras Red Eléctrica de España, Enagás, Iberdrola, Naturgy que conocemos bien y que tienen una base sólida para seguir dándonos alegrías a largo plazo. Deberíamos mirar también el consumo, de la mano de General Mills, que es de las mejores empresas que estamos viendo en esta crisis, a Unilever, que nos está mostrando unos precios francamente buenos y que Eloy “Snowball”ha analizado tan bien en su último resumen. Tenemos a Reckitt Benckiser, con sus detergentes y sus preservativos Durex (algo habrá que hacer en cuarentena), a Johnson & Johnson (os recomiendo especialmente sus polvos de talco), a Kimberly Clark y su higiénico de doble capa aromatizado, a Procter&Gamble que vende desodorantes que facilitan la convivencia, Altria o Phillip Morris, porque siempre vienen bien unos pitillos en el balcón aunque no sean de Cronos; a Diageo para brindar a la salud de la reina madre o a Pernod Ricard para tomar unos anises mientras echamos una partida al mus. También contemplo aquí a CVS (Corona Virus Supplies), pues el aumento de consumo farmacéutico será importante.

Marcas de Pernod Ricard. Web oficial.

Estas son, para mí, empresas core o básicas en estos tiempos de poner la cartera en modo “Warning” y en el cual, nuestro máximo objetivo debería ser preservar el capital a la vez que mantener al máximo el flujo de dividendos entrantes.

En un segundo escalón, tendríamos empresas que por fortaleza, trayectoria y trato al accionista son un “must have” pero que dan pocas opciones a precios atractivos. Son unicornios blancos que pocas veces vemos a precios interesantes y que, ahora más que nunca, hay que tratar de comprar (aunque siempre en menor medida que las arriba indicadas bajo mi criterio)

T-Rowe Price, Texas Instruments y sus calculadoras rentables, Illinois Tools Works, 3M, Blackstone ha vuelto a dar una oportunidad fantástica, Intel, Lockheed Martin, Starbucks’, y cómo no, mis queridas Apple y Microsoft.

Tampoco podemos olvidarnos del sector energético.El petróleo, con sus guerras particulares tan cíclicas como predecibles, sólo nos puede aportar tranquilidad de la mano de los grandes contendientes (para mi son tres: XOM, CVX, RDSA). Más allá de eso considero que hay más páramo que vergel. Todo parece indicar que tendremos una temporada de petroleo muy barato en el mercado que va a poner a prueba las costuras de todas las empresas del sector y sólo los que tienen una forma barata y eficiente de extraerlo y procesarlo podrán capear el temporal. Si encima tenemos una bajada de consumo importante, nos podemos encontrar ante el escenario perfecto para un “bonito baile” de fin de curso.

Por último, también he comprado REITS, aunque aquí habría que diferenciar muy bien entre tipos y (re)calibrar el objetivo:

El virus está cambiando a base de mascarilla y estado de alarma el paradigma en el que la gente se relaciona, se conecta entre si, y el ocio se ha limitado de una forma que no se había vivido nunca antes en la historia del ser humano. Todo el sector se está llevando un varapalo importantísimo pero en mi opinión, no es justo. El pánico está marcando el ritmo de las sesiones bursátiles de todo el mundo y las caidas en REITS están siendo, para mi, repito, injustificadas. El sector residencial de REITS, como VTR o WELL, no debería tener mayores problemas. Se va a morir gente, claro. Pero también habrá pacientes, o ancianos, o jubilados que precisen de sus instalaciones. El ser humano está envejeciendo en su conjunto, y estas empresas serán las últimas en perder clientes. El sector de oficinas y residencial, como Realty Income (O) tampoco debería inmutarse. Si el teletrabajo aumenta, y las grandes naves industriales se organizan en call-centers u oficinas desde las que se desempeñe el trabajo, el precio del metro cuadrado de las propiedades de O no debería oscilar demasiado. Y por último, el sector ocio y centros comerciales, como Simon Property Group. Este si que tiene un escenario más complejo. Si el ocio se ve afectado, la afluencia de público a estos espacios se va a ver reducida de una forma alarmante, y esto podría llevar al descenso grande de ingresos de las empresas que tienen sus negocios en dichos centros comerciales. Ante esto, SPG tiene dos opciones: rebajar los alquileres o cerrarles el local. Y las dos suponen disminución de caja. Sin embargo, no creo que esto sea racional. Que el ser humano vaya a empezar a comer liofilizado y a jugar a los bolos en la tele de su salón. No para siempre. No creo que dejemos de comprarnos ropa en las tiendas, ni de ir a toquetear el último modelo de iPhone. No creo que compremos un anillo de compromiso por internet sin haberlo tenido antes en nuestras manos ni de que elijamos la ropita de nuestro bebé sin tocar el tejido.

Estamos ante un paradigma nuevo, con reglas nuevas, pero con una duración determinada. La humanidad, en los últimos cinco siglos, ha vivido la peste negra, la lepra, la gripe española, el cólera, la viruela, la gripe rusa, la gripe de Honk Kong, el Sida, la polio, el SARS, la gripe Aviar H5N1, la gripe A H1N1, el ébola, el Zika, y ahora esta. De todas hemos salido más o menos reforzados. Con vacunas o, al menos, con avances médicos que han permitido reducir la mortalidad muchísimo a la vez que los síntomas. Todas afectaron en mayor o menor medida a la economía, y esta vez lo está haciendo de forma pronunciada dado lo imponente de los datos que arroja cada día que pasa.

Sigo pensando, no obstante, que estamos ante ese mercado irracional que, ahora más que nunca, está siendo gestionado por el miedo, por el pánico que llevó a las bolsas, tantas otras veces en el pasado, a sus puntos más oscuros. Pero os pido un favor a los que hayáis llegado hasta aquí: no creáis que el emperador estaba desnudo. Sigamos construyendo nuestra cartera de forma lógica, dando prioridad a la calidad de las empresas y no a la cantidad del retorno por dividendo ofrecido (ya habrá tiempo para eso) y esperemos en modo defensivo a que el mercado vuelva a ser gestionado por las cuentas de las empresas y no por el pánico de los inversores.

Las bolsa no es un juego perfecto. Ni debería serlo.

Aprovechémonos de sus imperfecciones.

Gracias por venir.

Leo vuestros comentarios. Mannel Perry.

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